(64) Proteo: la historia del perro que cruzó el mundo para salvar vidas

Un cachorro nacido para servir

Que fue de Proteo: El 16 de junio de 2013, en el Centro de Producción Canina del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, nació un cachorro que nadie hubiera imaginado que un día sería llorado por dos países. Era hijo de Ira, una perra K9 de la institución, y de un padre que años después estaría presente, ya viejo, en el homenaje póstumo de su hijo más célebre.

Le pusieron por nombre Proteo, como el dios griego capaz de cambiar de forma a voluntad — un nombre que, sin que nadie lo supiera todavía, terminaría encajando con la vida de un animal que pasaría de cachorro de cuartel a símbolo internacional de esperanza.

proteo

Proteo no tuvo una infancia común. A los cuatro meses de edad, cuando la mayoría de los perros todavía aprenden a caminar con seguridad sobre sus propias patas, él ya había sido asignado a la compañía canófila de la Primera Brigada de Policía Militar y comenzaba su instrucción como binomio canino especializado en búsqueda y rescate en estructuras colapsadas.

Fue entonces cuando se cruzó el camino que definiría el resto de su existencia: el del cabo Carlos Villeda, quien se convertiría en su entrenador, su guía y, con los años, en algo mucho más parecido a un hermano.

El entrenamiento de un perro de rescate no es un proceso breve. Requiere años de repetición, paciencia y confianza mutua: enseñarle a caminar sobre superficies inestables sin generar más colapsos, a distinguir el olor de un ser humano con vida entre toneladas de escombro, concreto y polvo, a marcar una posición exacta sin alterarla, a mantener la calma en medio del caos, las sirenas y el llanto.

Proteo, un pastor que combinaba la disciplina de raza belga malinois con el temperamento equilibrado que sus adiestradores describían como “fiel, amistoso y protector”, resultó tener un don natural para todo esto. No tardó en distinguirse como un canino ejemplar dentro de su generación.

Los primeros rescates: México aprende su nombre

El bautismo de fuego de Proteo llegó pronto, y no fue en su propio país.

En 2015 fue desplegado a Guatemala, y en 2016 a Ecuador, dos de las primeras misiones internacionales que pusieron a prueba todo lo que había aprendido en el cuartel. Pero fue en 2017 cuando su nombre comenzó a resonar de verdad entre los mexicanos.

Ese año, México vivió una sucesión de tragedias.

  • Primero fueron los deslaves en Chiapas;
  • después, el 19 de septiembre, el sismo de magnitud 7.1 que sacudió la Ciudad de México y dejó cerca de 370 personas fallecidas, edificios convertidos en escombros verticales y a todo un país conteniendo la respiración frente a las pantallas, esperando noticias de sobrevivientes.
  • Proteo, guiado por Villeda, trabajó codo a codo con brigadas humanas entre las ruinas de la capital, sumando su olfato a la carrera contra el tiempo que caracteriza a las primeras 72 horas después de un desastre — la ventana crítica en la que la posibilidad de encontrar a alguien con vida disminuye con cada hora que pasa.

Los años siguientes confirmaron que aquel cachorro nacido en 2013 se había convertido en uno de los binomios caninos más confiables de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA).

En 2022 fue desplegado durante el huracán Agatha, sumando experiencia en un tipo de desastre distinto al que lo había hecho conocido: ya no solo edificios colapsados por un sismo, sino comunidades devastadas por inundaciones y deslaves.

Con cada misión, Proteo no solo acumulaba rescates: se convirtió también en un líder natural para otros perros más jóvenes que se integraban a los equipos, una especie de veterano silencioso que enseñaba con el ejemplo.

El olfato que valía más que cualquier máquina

Quienes trabajaron cerca de él insistían en que lo de Proteo no era solamente instinto. Un perro de búsqueda entrenado puede detectar olores humanos entre 10 mil y 100 mil veces mejor que una persona, dependiendo de la raza y la preparación recibida.

Cuando alguien queda atrapado bajo toneladas de concreto, su cuerpo libera dióxido de carbono, sudor y otros compuestos volátiles que se filtran, casi imperceptiblemente, por grietas y corrientes de aire internas.

Un perro como Proteo aprendía a seguir ese rastro —técnicamente llamado “venteo”— hasta señalar con precisión el punto exacto donde debía concentrarse la excavación.

Esa capacidad, sumada a su ligereza para desplazarse sobre estructuras a punto de colapsar sin poner en riesgo a nadie más, lo convirtió en una herramienta insustituible en escenarios donde ni la tecnología ni la fuerza humana bastaban.

Mientras las máquinas removían escombros y los rescatistas gritaban pidiendo silencio para escuchar cualquier señal, Proteo avanzaba con el hocico pegado al suelo, atento a lo que ningún sensor podía captar todavía.

Turquía: la última misión

El 6 de febrero de 2023, dos terremotos de magnitud 7.8 y 7.5 sacudieron el sureste de Turquía y el norte de Siria, dejando más de 50 mil muertos y una devastación que los propios rescatistas turcos describieron como inabarcable.

México, fiel a su tradición de solidaridad internacional forjada después de sus propios sismos, envió una delegación de la SEDENA integrada por especialistas humanos y dieciséis binomios caninos. Proteo, ya con casi diez años de edad y un veterano indiscutido, fue uno de ellos.

En la ciudad de Adıyaman, una de las más golpeadas por el desastre, Proteo y Villeda trabajaron junto a los otros quince equipos caninos mexicanos en condiciones extremas: frío intenso, estructuras colapsadas sobre estructuras colapsadas, y un volumen de destrucción que ponía a prueba tanto a los animales como a sus guías humanos.

Fue allí donde Proteo protagonizó uno de los rescates más recordados de toda su carrera: localizó con vida a una mujer y a un hombre, de aproximadamente 70 y 50 años, atrapados entre los restos de sus propias viviendas. En total, junto a los demás equipos caninos mexicanos, contribuyó al rescate de cuatro personas con vida y la recuperación de 37 cuerpos durante esa misión.

Pero el cuerpo de Proteo, que había entregado casi una década a este trabajo, ya no era el mismo que había llegado a Guatemala en 2015. El 12 de febrero de 2023, apenas días después de haber ayudado a salvar dos vidas más, Proteo murió mientras continuaba cumpliendo misiones de búsqueda en Turquía.

El informe oficial fue claro: no fue un derrumbe ni un accidente en el terreno lo que lo mató, sino las extremas condiciones climatológicas del país, combinadas con su edad avanzada y el desgaste físico acumulado de un viaje y un despliegue exigentes incluso para un perro en su mejor momento.

Proteo murió, en el sentido más literal, trabajando.

cortesía de Defensa Mx

Las cifras de una vida entera de servicio

A lo largo de casi nueve años de trabajo activo, Proteo y su entrenador participaron en el rescate confirmado de 22 personas con vida y la recuperación de 37 cuerpos de víctimas en distintas catástrofes, según el balance oficial compartido por la SEDENA tras su muerte.

Otras fuentes, sumando la totalidad de sus intervenciones y localizaciones a lo largo de toda su carrera —incluyendo tanto personas con vida como cuerpos— elevan la cifra total de personas encontradas gracias a su trabajo hasta 59.

Participó, entre otras misiones, en los operativos de Guatemala en 2015, Ecuador en 2016, los deslaves de Chiapas y Oaxaca y el histórico sismo de la Ciudad de México en 2017, el huracán Agatha en 2022, y finalmente el terremoto de Turquía en 2023, donde perdió la vida.

Un legado que sigue caminando entre los escombros

La historia de Proteo no terminó con su muerte. Como gesto de solidaridad y en honor a su memoria, Turquía donó a México un cachorro de pastor alemán al que se le dio el nombre de Arkadas —”amigo”, en turco—, elegido de entre varias opciones por votación popular en la que participaron más de 45 mil personas a través de las redes de la SEDENA.

Arkadas se integró formalmente a los binomios caninos del Ejército Mexicano, y cada aniversario de su llegada ha sido celebrado por la institución como un recordatorio vivo del vínculo que un solo perro fue capaz de construir entre dos países.

Ese vínculo volvió a manifestarse en 2026. Cuando un devastador doble terremoto sacudió Venezuela, entre los binomios caninos mexicanos enviados para apoyar las labores de búsqueda y rescate se encontraba, precisamente, Arkadas —para él, su primera misión internacional—, además de Orly y Balam, dos border collies hijos de Athos, otro histórico perro rescatista mexicano que había trabajado en el sismo de 2017 y que falleció envenenado en 2021.

La línea que conecta a estos animales —Athos, Proteo, Arkadas, Orly, Balam— no es solamente genética o institucional: es la continuidad de una misma vocación transmitida de generación en generación, de perro en perro, de desastre en desastre.

Cada 12 de febrero, fecha de su muerte, la SEDENA recuerda públicamente a Proteo con videos, fotografías y mensajes que repiten una idea que sus manejadores repitieron desde el primer día: que un perro entrenado con paciencia y amor puede convertirse en la diferencia entre la vida y la muerte para una persona que ya ha perdido toda esperanza bajo los escombros.

En el primer aniversario de su fallecimiento, la institución lo describió con una frase que resume, quizás mejor que cualquier cifra oficial, lo que Proteo significó: “Gracias por tanto, Proteo, tu recuerdo permanecerá hasta que el último de nuestros corazones deje de latir.”

Proteo nació en un cuartel militar mexicano, sin saber que su vida transcurriría entre terremotos, huracanes y deslaves, ni que moriría a miles de kilómetros de su tierra, en un país que apenas conocía, mientras seguía buscando a alguien con vida entre las ruinas.

Murió trabajando, como había vivido: con el hocico pegado al suelo, siguiendo un rastro que ningún humano ni ninguna máquina hubiera podido detectar, convencido —si es que un perro puede estar convencido de algo— de que valía la pena seguir buscando un poco más.

Fuentes consultadas

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