Perros de asistencia y terapia: Durante décadas, la presencia de un perro junto a la cama de un paciente o dentro de un patio penitenciario podía parecer un gesto simpático, pero anecdótico. Hoy ya no es así. La investigación en intervenciones asistidas con animales (IAA) —conocidas también como animal-assisted interventions (AAI) o animal-assisted therapy (AAT)— ha crecido de forma notable en la última década, y los hospitales y centros penitenciarios se han convertido en dos de los escenarios donde más se está poniendo a prueba su utilidad real.
Este artículo repasa la evidencia científica disponible sobre tres preguntas concretas: ¿reduce realmente un perro la ansiedad antes de una cirugía?, ¿tiene algún efecto medible sobre la presión arterial en pacientes crónicos?, y ¿puede una intervención con perros mejorar las habilidades sociales de personas privadas de libertad, facilitando su futura reinserción? La respuesta corta es: depende de la variable que midamos, pero los resultados son, en conjunto, prometedores y merecen atención.
¿Qué es exactamente una intervención asistida con animales?

Antes de entrar en los resultados, conviene aclarar los términos.
La terapia asistida con animales (TAA) es una intervención estructurada, con objetivos terapéuticos definidos, llevada a cabo por un profesional de la salud junto con un binomio perro-guía certificado.
Se diferencia de las simples “visitas de mascotas” en que sigue un protocolo, mide variables antes y después, y se integra dentro de un plan de cuidado.
Esta distinción es importante porque buena parte de la solidez —o debilidad— de los estudios depende de si se trabajó con protocolos rigurosos o con visitas informales.
Una revisión sistemática reciente, registrada en PROSPERO y publicada tras analizar estudios de 2013 a 2023 en las bases Scopus, PubMed, Web of Science y PsycInfo, encontró que de treinta y un estudios que cumplían los criterios de inclusión, la mayoría de las intervenciones —principalmente con perros o caballos— reportaron reducciones significativas de la ansiedad tras la intervención en poblaciones con discapacidad, enfermedad u hospitalización.
Es decir, el efecto sobre la ansiedad subjetiva es uno de los hallazgos más consistentes en toda la literatura.
Ansiedad preoperatoria: evidencia del efecto de la terapia con perros
La espera antes de una cirugía es uno de los momentos de mayor estrés dentro de un hospital. El paciente no controla lo que va a pasar, suele desconocer el procedimiento en detalle y con frecuencia lo vive en soledad, sin su red de apoyo habitual. Es precisamente en este contexto donde las intervenciones con perros muestran algunos de sus resultados más claros.

Un estudio en la revista Anthrozoös comparó cuatro condiciones en pacientes de cirugía ambulatoria:
- Visita de un perro de terapia con su guía.
- Visita de un peluche con forma de perro y su “guía”.
- Visita de una persona sin perro.
- No recibir visita alguna.
Los resultados mostraron una reducción significativa de la ansiedad en todas las intervenciones frente a no recibir visita.
Un dato curioso de ese mismo estudio es que no hubo diferencia estadística entre el efecto del perro real y el peluche, aunque la condición del peluche sí redujo la ansiedad de forma significativa en comparación con no tener visitante.
Esto sugiere que parte del efecto tiene un componente de distracción y compañía, no exclusivamente del vínculo con un animal vivo.
Evidencia en población pediátrica
En población pediátrica los resultados son igualmente alentadores, y con matices interesantes sobre la fisiología.
En un ensayo aleatorizado sobre cirugía infantil:
- Tras la entrada del perro, todos los niños del grupo de terapia mostraron actividad cerebral beta más rápida en el electroencefalograma.
- Se observaron diferencias en frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno y oxigenación cerebral prefrontal.
Aunque los niveles de cortisol salival no mostraron un comportamiento distinto entre grupos a lo largo del tiempo.
Esto es relevante: el efecto calmante parece reflejarse en la actividad cerebral y en algunos parámetros cardiovasculares, pero no necesariamente en todos los marcadores bioquímicos de estrés, lo cual invita a seguir investigando los mecanismos exactos.
Esto indica que el efecto calmante se refleja en parámetros cerebrales y cardiovasculares, aunque no en todos los marcadores bioquímicos de estrés.

Cuidados intensivos pediátricos
En unidades de cuidados intensivos pediátricos también se han documentado beneficios subjetivos importantes.
Un estudio publicado en el European Journal of Pediatrics recogió testimonios de personal sanitario que describía casos concretos:
Como el de un niño que, según el equipo, sonrió por primera vez desde su ingreso tras la intervención con el perro y mostró mayor confianza con el personal.
Más allá de la anécdota, el estudio evaluó de forma sistemática dolor, miedo y ansiedad antes y después de cada sesión, y concluyó que este tipo de terapia puede jugar un papel dentro de las estrategias de humanización de la atención sanitaria.
Implicaciones clínicas
El Instituto HABRI financió un estudio para evaluar si la interacción con un perro antes de la cirugía reduce la necesidad de sedación. Los resultados sugieren que los niños que reciben esta intervención pueden requerir menos medicación sedante, lo que implica menor riesgo y potencial ahorro en costos.
👉 En resumen: la terapia asistida con perros en el contexto preoperatorio reduce la ansiedad, mejora parámetros fisiológicos y emocionales, y puede tener impacto directo en la práctica clínica al disminuir la necesidad de fármacos.
Presión arterial y pacientes crónicos: una relación más compleja de lo que parece
Presión arterial y pacientes crónicos: una relación más compleja de lo que parece
La evidencia sobre el impacto de la terapia asistida con animales en la presión arterial es variada. Los resultados dependen del tipo de paciente y del contexto clínico, por lo que conviene interpretarlos con cautela.

Fundamento fisiológico
Por un lado, existe una explicación fisiológica plausible.
Según una revisión sobre rehabilitación asistida con animales en pacientes con Alzheimer:
- La relación tranquilizadora entre humanos y animales estimula la liberación de hormonas adrenales y otros corticosteroides. En otras palabras la interacción con animales favorece la liberación de hormonas que inducen calma.
- Este mecanismo puede disminuir presión arterial, pulso y frecuencia respiratoria de acuerdo con el llamado mecanismo afectivo-emocional que sustenta la terapia asistida con animales.
Pacientes crónicos en larga estancia
Por otro lado, cuando se mide directamente en ensayos controlados, el efecto sobre la presión arterial no siempre aparece con claridad.
Un estudio piloto en un servicio de cuidados de larga estancia, con setenta y dos pacientes divididos en grupo experimental y grupo control.
Encontró que los resultados no revelaron cambios en la presión arterial, la frecuencia cardíaca o el índice de Barthel al comparar ambos grupos, aunque sí se observó una gran influencia en la evaluación del estado de ánimo de los pacientes.
En otras palabras: el bienestar percibido mejoró de forma notable, pero los parámetros fisiológicos “duros” se mantuvieron estables. Un patrón similar apareció en el estudio de ansiedad preoperatoria mencionado antes, donde tampoco se detectaron cambios en presión arterial o frecuencia cardíaca pese a la mejora en ansiedad subjetiva.
Pacientes con insuficiencia cardíaca
- Estudios hospitalarios revelan descensos en presión pulmonar y niveles de neurohormonas.
- Se documenta reducción de ansiedad más marcada en quienes interactúan con perros.
- La terapia asistida con animales muestra beneficios cardiovasculares medibles en este grupo.
Sin embargo, en contextos clínicos de mayor gravedad, sí aparecen efectos cardiovasculares medibles. Uno de los estudios más citados en este campo es el realizado con pacientes hospitalizados por insuficiencia cardíaca.

Comparando un grupo visitado por un voluntario con perro, un grupo visitado solo por un voluntario y un grupo control.
Se encontró que los pacientes visitados por el equipo voluntario-perro mostraron descensos significativamente mayores en la presión de la arteria pulmonar durante y después de la intervención, así como en la presión capilar pulmonar y en los niveles de epinefrina y norepinefrina durante la intervención.
Además, el grupo con perro mostró la mayor reducción de ansiedad en comparación con los otros dos grupos.
Este estudio concluyó que la terapia asistida con animales mejora las presiones cardiopulmonares, los niveles de neurohormonas y la ansiedad en pacientes hospitalizados con insuficiencia cardíaca.
Ámbito ambulatorio
También hay evidencia en el ámbito ambulatorio. Un ensayo clínico en curso sobre psiquiatría ambulatoria en la Universidad de Wake Forest incluye como medida principal la presión arterial media, partiendo de la base de que las respuestas fisiológicas medidas en investigaciones previas muestran una reducción de la presión arterial y de los niveles de norepinefrina y epinefrina en pacientes hospitalizados que interactúan con intervenciones asistidas con animales.
- Ensayos clínicos en curso miden presión arterial media como indicador principal.
- Se apoyan en hallazgos previos de reducción de presión arterial y hormonas de estrés en pacientes hospitalizados.
Conclusión:
- En patologías cardiovasculares graves, los efectos sobre parámetros hemodinámicos son más claros y clínicamente relevantes.
- En pacientes crónicos estables, el beneficio principal se concentra en el bienestar emocional, más que en cifras de presión arterial.
- La terapia asistida con animales no reemplaza el tratamiento antihipertensivo, pero sí puede ser un complemento útil dentro de un abordaje integral, especialmente en situaciones de alta carga emocional.
Perros en prisiones: entrenamiento canino y habilidades para la reinserción
El tercer escenario es quizá el menos conocido por el público general, pero cuenta con una tradición de investigación propia: los programas de entrenamiento canino dentro de centros penitenciarios.

El modelo más habitual asigna a una persona privada de libertad la responsabilidad de cuidar y entrenar a un perro —a menudo rescatado de un refugio— durante varias semanas.
El objetivo no es solo mejorar la adoptabilidad del animal, sino usar esa relación de cuidado como vehículo para desarrollar habilidades que resultan difíciles de enseñar con métodos puramente verbales o cognitivos.
Como señala una revisión publicada en PMC, los programas terapéuticos estructurados que se aplican habitualmente en prisiones usan sobre todo métodos verbales y cognitivos, para los cuales suele faltar evidencia en contextos penitenciarios y que tienen poco efecto sobre la reincidencia, además de que estos programas no se centran en experiencias directas y a menudo requieren que la persona ya esté motivada a buscar el cambio, algo que no siempre ocurre en personas con habilidades sociales pobres o trastornos mentales comórbidos.
Uno de los ensayos controlados más rigurosos en este campo evaluó un programa de seis meses de entrenamiento socioemocional asistido con perros en sesenta y dos personas privadas de libertad, comparándolo con el tratamiento habitual.
Los resultados fueron matizados: las competencias sociales y emocionales autoevaluadas por los propios prisioneros no mostraron diferencias entre grupos, pero los psicoterapeutas valoraron las competencias emocionales del grupo de intervención de forma más alta en el seguimiento, y aunque no encontraron diferencias en competencias sociales evaluadas por ellos, sí hallaron mayor autorregulación en el seguimiento y menor agresividad tras el entrenamiento en comparación con el grupo control.
Es un hallazgo interesante porque ilustra un problema típico de este campo: la autopercepción de la persona no siempre coincide con la observación de un evaluador externo, lo que refuerza la necesidad de medidas múltiples y no depender solo del autoinforme.
Otro estudio, realizado en la unidad de sentencias alternativas de una cárcel de Filadelfia, documentó un diseño de “convivencia” de diez semanas en el que ocho reclusos convivieron con cuatro perros rescatados de eutanasia inminente.
El resultado concreto fue que al finalizar el programa, cada perro aprobó el examen de Buen Ciudadano Canino y cada recluso recibió un certificado de finalización del currículo de entrenamiento animal. Más allá del logro simbólico, este tipo de evaluación mixta —cuantitativa y cualitativa— ha sido propuesta como modelo replicable para otros centros que buscan medir de forma más objetiva el impacto real de sus programas, en lugar de basarse solo en testimonios.

La revisión sistemática española de Villafaina-Domínguez y colaboradores, citada dentro de un estudio cualitativo sobre reclusos con trastornos mentales graves.
Concluyó que este tipo de programas puede mejorar variables como la salud mental, el control emocional, la empatía y las habilidades académicas, tanto en hombres como en mujeres privados de libertad.
Si bien advirtió que los estudios incluidos presentaban una calidad metodológica subóptima y una alta heterogeneidad en participantes y resultados.
El mismo trabajo recoge que experiencias tempranas con intervenciones asistidas con animales en centros correccionales de Estados Unidos mostraron reducciones en violencia, intentos de suicidio y dependencia de medicación entre los reclusos que participaron en programas con perros, caballos y animales de granja, aunque reconoce que la mayoría de estos hallazgos provienen de estudios con limitaciones metodológicas importantes.
Este patrón —resultados prometedores pero con calidad metodológica desigual— es la conclusión más honesta que puede extraerse del conjunto de la literatura sobre prisiones. Los programas se han extendido por sistemas penitenciarios de todo el mundo con el objetivo declarado de mejorar la rehabilitación de los reclusos, fomentar la responsabilidad, la empatía y las habilidades sociales.
Además de mostrar mejoras en el bienestar emocional y una reducción de la agresividad, pero la comunidad científica sigue pidiendo ensayos aleatorizados más grandes, con evaluadores externos ciegos al grupo de asignación, para confirmar de forma sólida estos beneficios.
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Lo que la evidencia permite afirmar hoy
Juntando los tres bloques, se puede trazar un panorama razonablemente claro:
Sobre ansiedad preoperatoria,
la evidencia es la más consistente de las tres áreas. Múltiples estudios, con distintos diseños y poblaciones —desde cirugía ambulatoria en adultos hasta unidades de cuidados intensivos pediátricos—, coinciden en que la interacción con un perro reduce de forma medible la ansiedad autoinformada. El mecanismo no está completamente esclarecido: parte del efecto puede deberse a la distracción y la compañía en sí mismas, no exclusivamente al vínculo con un animal vivo.
Sobre presión arterial en pacientes crónicos.
La evidencia es más heterogénea. En pacientes con descompensación cardiovascular aguda, como la insuficiencia cardíaca, se han documentado efectos hemodinámicos y neurohormonales significativos. En poblaciones más estables, como personas mayores institucionalizadas, el beneficio se concentra sobre todo en el estado de ánimo, sin cambios claros en las cifras de presión arterial. Conviene no generalizar un hallazgo de un contexto clínico a otro.
Sobre reinserción social en prisiones.
La evidencia sugiere beneficios reales en autorregulación emocional y reducción de conductas agresivas, especialmente cuando la evaluación proviene de observadores externos y no solo del autoinforme de los participantes. Sin embargo, la calidad metodológica de los estudios disponibles todavía es limitada, y hacen falta ensayos aleatorizados de mayor tamaño para confirmar el impacto sobre variables tan relevantes como la reincidencia.
En conjunto, las intervenciones asistidas con perros no son una solución mágica ni un sustituto de los tratamientos médicos o psicológicos convencionales.
Son, más bien, una herramienta complementaria con una base de evidencia creciente, particularmente sólida en el manejo del estrés y la ansiedad situacional, y con un potencial todavía por confirmar del todo en el terreno de la rehabilitación social a largo plazo.
La dirección que está tomando la investigación —hacia ensayos controlados, medidas fisiológicas objetivas y evaluadores externos— es la correcta para que, dentro de unos años, podamos hablar de estas intervenciones con la misma solidez con la que hoy hablamos de otros tratamientos no farmacológicos ya consolidados en la práctica clínica.
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Referencias consultadas
- Taylor / Francis Online : The Effect of Therapy Dogs on Preoperative Anxiety.
- European Journal of Pediatrics: Implementation feasibility of animal-assisted therapy in a pediatric intensive care unit: effectiveness on reduction of pain, fear, and anxiety.
- A Systematic: Animal-Assisted Therapy for Reducing Anxiety in Vulnerable Clinical Populations:
- HABRI (Human Animal Bond Research Institute): The Effect of Animal-Assisted Intervention on Preoperative Anxiety and Dose of Sedation in Children.
- ScienceDirect. The effect of animal assisted rehabilitation practices on symptoms of Alzheimer’s patients: systematic review and meta-analysis.
- PMC PubMed Central A Pilot Study: Effect of Animal-Assisted Therapy on Patients in the Department of Long-Term Care:
- ClinicalTrials.gov. Animal-Assisted Therapy for Hospitalized Heart Failure Patients.
- Wake Forest University Health Sciences, ClinicalTrials.gov. The Effects of Animal Assisted Therapy in Outpatient Psychiatry Clinics.
- PMC. PubMed Central: Effects of a Dog-Assisted Social- and Emotional-Competence Training for Prisoners:: A Controlled Study
- Springer Nature Link: Evaluating Outcomes in a Prison-Based Canine Program: A Mixed-Method Analysis of New Leash on Life.
- PMC. PubMed Central: The Experience of Prisoners with Serious Mental Disorders Participating in a Dog-Assisted Therapy Program: A Qualitative Study.
- Wellbeing International Studies Repository.: Prison Dog-Training Programs: Annotated Bibliography.










