Choupette: La birmana blanca del diseñador vivió rodeada de lujos, con cuentas en redes sociales y apariciones en revistas de moda. Tras la muerte de Lagerfeld, heredó parte de su legado.
Un encuentro que cambió dos vidas
La historia de Choupette no comenzó como un plan ni como una excentricidad calculada para alimentar el mito que después se construyó alrededor de ella. Todo lo contrario: su llegada a la vida de Karl Lagerfeld fue casual y doméstica, y por eso mismo terminó siendo tan significativa.
En 2011, Choupette era una gatita sagrada de Birmania que pertenecía a Baptiste Giabiconi, el modelo francés que durante años fue colaborador cercano y musa frecuente del diseñador alemán. Antes de salir de viaje, Giabiconi le pidió a Lagerfeld que la cuidara durante unos días. No había intención de adopción ni de incorporarla a su vida; era simplemente un favor entre dos personas que compartían rutina y confianza.
Pero algo cambió en ese breve periodo de convivencia. Lagerfeld, conocido por su control absoluto sobre el tiempo, el espacio y su imagen pública, descubrió en esa gata una compañía distinta a todo lo que había experimentado antes.
Cuando llegó el momento de devolverla, fue claro: no podía hacerlo. Más adelante contaría que nunca había tenido una mascota propia y que la experiencia lo sorprendió incluso a él mismo. Giabiconi, mientras tanto, se quedó con otro gato y Choupette pasó a formar parte de la vida del diseñador en París.
El propio Lagerfeld resumió aquel episodio años más tarde en una entrevista con Vanity Fair, donde explicó que la gata era originalmente de un amigo que le pidió a su empleada doméstica que se ocupara de ella durante un viaje de dos semanas, y que a su regreso nunca la reclamó. Así, sin proponérselo, Choupette se convirtió en lo que él mismo describió como el gato más conocido —y también el más rico— del mundo.

La consentida de la moda
A partir de ese momento, la vida de Choupette dio un giro de 180 grados. Dejó de ser una gata cualquiera para convertirse en una de las mascotas más mimadas del planeta.
Lagerfeld puso a su disposición un equipo dedicado por completo a su bienestar: dos niñeras de lujo, una veterinaria reconocida en París y hasta un guardaespaldas personal. Sus cuidadoras, según se ha contado en distintos medios, debían incluso registrar en un diario las emociones y actividades de la gata durante las horas en que su dueño no estaba presente.
Su rutina diaria era digna de una celebridad. Comía en platos de plata sentada a la mesa junto a Lagerfeld, en lugar de hacerlo en el suelo como cualquier otra mascota. Su dieta incluía caviar y pollo en gelatina como aperitivo, y el diseñador llegó a contar que la gata disfrutaba escuchando música sudamericana, mientras que detestaba las voces agudas.
Cuando viajaba, su equipaje no tenía nada que envidiarle al de una estrella de cine: platos de plata, artículos de aseo personal, un bolso de la marca Goyard y un maletero personalizado de Louis Vuitton la acompañaban en cada desplazamiento.
Su cama tampoco era un detalle menor: una almohada de Chanel con la frase “Ici la place de Choupette” (“Este es el lugar de Choupette”) grabada en ella. Vestía prendas de la firma francesa y, en términos prácticos, llevaba una vida que muchas personas envidiarían.

Choupette: Una estrella con cuentas propias en redes sociales
Lagerfeld no se limitó a cuidar a Choupette: la convirtió en una figura pública por derecho propio. La gata apareció en sesiones fotográficas, campañas publicitarias, ilustraciones y hasta protagonizó un libro publicado en 2014 titulado “Choupette, la vie enchantée d’un chat fashion” (“Choupette, la vida encantada de un gato fashion”), donde se relataban sus gustos y su día a día.
Sus cuentas de Instagram y Twitter, gestionadas por un equipo de expertos en redes sociales, publicaban a diario fotografías y caricaturas que reforzaban su imagen casi divina dentro del mundo de la moda. Con el tiempo acumuló cientos de miles de seguidores y se convirtió en una influencer felina capaz de generar ingresos reales: se calcula que sus colaboraciones publicitarias y campañas de moda llegaron a generar varios millones de dólares en acciones comerciales para distintas marcas.
Lagerfeld, convertido de hecho en el representante artístico de su propia gata, era selectivo con las propuestas que aceptaba en su nombre. Rechazó, por ejemplo, ofertas para que apareciera en publicidad de alimentos, argumentando que la consideraba demasiado sofisticada para ese tipo de campañas y que tenía una cualidad casi humana: el silencio.
La fama de Choupette trascendió las pasarelas. Diseñadores, marcas de tecnología y revistas como Vogue buscaron su imagen para distintas producciones, y su estatus de “gata más rica del mundo” la convirtió en un personaje recurrente en la prensa internacional, incluso años después de la muerte de su dueño.
El vínculo emocional detrás del lujo
Más allá de la opulencia que rodeaba a Choupette, lo que llamó la atención de allegados y periodistas fue la transformación que generó en Lagerfeld, un hombre habitualmente hermético en lo que respecta a su vida privada. En una aparición en el programa de televisión francés “Le Divan”, el diseñador reconoció que mantenía con ella una relación muy especial, capaz de hacerlo reír de sí mismo sin que eso incomodara a nadie a su alrededor.
En esa misma conversación, Lagerfeld aseguró que Choupette tenía su propia fortuna y que, si a él le pasaba algo, quien se encargara de cuidarla no quedaría en la miseria. También insistió en varias ocasiones en que nunca se quedó con el dinero que la gata generaba a través de sus contratos publicitarios, una suma que distintas fuentes ubicaron alrededor de los tres millones de euros.
El cariño de Lagerfeld por Choupette llegó a trascender fronteras inesperadas. En 2015, la actriz y activista Brigitte Bardot le escribió una carta a la gata pidiéndole que intercediera ante su dueño para que dejara de utilizar pieles de animales en sus colecciones, en un gesto que mezclaba el humor con un reclamo genuino del mundo del activismo animal.
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La herencia y el legado tras la muerte de Lagerfeld
Karl Lagerfeld murió el 19 de febrero de 2019 a los 85 años, y la noticia que más sorprendió a buena parte del público no fue solo la pérdida del histórico director artístico de Chanel, sino el destino de su gata. Durante años se difundió la idea de que Choupette había sido incluida en el testamento del diseñador, con estimaciones que en algunos medios internacionales llegaron a hablar de un patrimonio cercano a los 170 o 200 millones de euros destinado, al menos en parte, a garantizar su bienestar.
Sin embargo, la realidad resultó más compleja que el titular. De acuerdo con reportes de la revista People, el supuesto monto depositado a nombre de la gata distaba bastante de esas cifras millonarias que circularon en su momento. Y, más recientemente, salió a la luz que el proceso de acceso a esa herencia continúa atravesado por disputas legales y administrativas.
Françoise Caçote, la persona que quedó a cargo de Choupette tras la muerte de Lagerfeld, contó en una entrevista con el medio The Atlantic que, años después del fallecimiento del diseñador, ni ella ni la gata habían recibido el dinero que en teoría formaba parte del legado, y que ella continúa asumiendo personalmente los gastos necesarios para mantener el estilo de vida que Lagerfeld quería para su mascota.
Choupette hoy: una influencer que sigue generando ingresos
Más de seis años después de la muerte de su dueño, Choupette continúa siendo una figura activa en redes sociales. Su cuenta de Instagram, ahora gestionada bajo el nombre @choupetteofficiel, suma cientos de miles de seguidores y sigue atrayendo la atención de figuras como Kim Kardashian y Taylor Swift. En la Gala del Met de 2023, dedicada precisamente a homenajear la obra de Karl Lagerfeld, varias celebridades se disfrazaron como gatos en un guiño directo a la mascota más famosa del diseñador.

Lejos de depender exclusivamente de una herencia todavía en disputa, Choupette se sostiene económicamente gracias a campañas publicitarias y colaboraciones con marcas de moda para mascotas. Entre esos proyectos se encuentra el lanzamiento de su propia línea de hamacas de lujo para gatos, bautizada LucyBalu, que amplió su presencia comercial más allá del mundo de la moda humana.
A más de una década de aquel encuentro casual entre un diseñador y la gata de un amigo, Choupette sigue siendo un símbolo curioso de la industria de la moda: una mascota que, sin buscarlo, terminó representando tanto la excentricidad como la ternura de uno de los creadores más influyentes del siglo XX.
Un fenómeno que trascendió la moda
Lo singular del caso de Choupette es que su fama nunca quedó confinada al círculo cerrado de la alta costura. Mientras Lagerfeld dirigía colecciones para Chanel, Fendi y su propia firma, la gata se convirtió en un personaje que la cultura popular adoptó como propio, casi al mismo nivel que celebridades humanas.

Programas de entretenimiento, portales de espectáculos y revistas generalistas —no solo las especializadas en moda— le dedicaron notas, perfiles y hasta rankings sobre “las mascotas más ricas del mundo”, una categoría que ella encabezó durante años sin mayor competencia.
Parte de ese fenómeno tiene que ver con el contraste que representaba: Lagerfeld era percibido como una figura distante, casi inaccesible, siempre detrás de sus lentes oscuros y su cabello blanco recogido. Choupette, en cambio, humanizaba esa imagen.
A través de ella, el público accedía a una faceta más cálida del diseñador, la de un hombre capaz de organizar su agenda alrededor de los horarios de comida de su gata o de preocuparse genuinamente por su estado de ánimo cuando viajaba sin ella.
Ese contraste también explica por qué, incluso después de la muerte de Lagerfeld, las marcas siguieron interesadas en asociar su imagen a la de Choupette. Para muchas firmas de moda y de productos para mascotas, vincularse con su nombre significaba acceder a una historia con gancho mediático garantizado: la de una gata común que, por una casualidad doméstica, terminó viviendo como una heredera de la alta sociedad parisina.
Hoy, el relato de Choupette funciona casi como una leyenda contemporánea dentro del mundo de la moda, comparable a otras anécdotas que rodearon la vida de grandes diseñadores. Pero a diferencia de muchas de esas historias, la suya sigue escribiéndose: con disputas legales pendientes por resolver, con nuevas generaciones de seguidores descubriéndola en redes sociales y con un legado que, lujos aparte, recuerda el vínculo genuino que puede existir entre una persona y su mascota.
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Fuentes consultadas
- Infobae – Dónde está Choupette, la gata que enamoró a Karl Lagerfeld y heredó parte de su riqueza
- El Tiempo – La historia de Choupette, la gata de Karl Lagerfeld
- Ámbito – ¿Quién es Choupette? La gata que heredó una fortuna y tiene hasta ama de llaves
- Caras (Perfil) – La increíble historia de Choupette, la gata de Karl Lagerfeld que heredó una fortuna millonaria pero nunca la recibió
- Harper’s Bazaar México – La historia íntima de cómo Choupette llegó a la vida de Karl Lagerfeld
- Paris Select Book – ¿Qué ha sido de Choupette, la felina heredera de Karl Lagerfeld?













