(63) El gato Simón: el minino que se convirtió en héroe de guerra a bordo del HMS Amethyst

Hay historias de heroísmo que se cuentan con medallas, discursos y desfiles. Y luego está la historia del gato Simón, un felino callejero de los muelles de Hong Kong que, sin proponérselo, terminó siendo el único felino de la historia en recibir la Medalla Dickin, el máximo honor militar británico otorgado a los animales. Su historia combina supervivencia, ternura y una valentía silenciosa que conmovió al mundo entero en plena Guerra Civil China.

Esta es la historia completa de Simón, el “Able Seacat” del HMS Amethyst.

El contexto: una China dividida por la guerra

Para entender por qué un simple gato de barco terminó en medio de una crisis internacional, hay que recordar el escenario en el que se desarrolló esta historia.

La Guerra Civil China, que enfrentaba al gobierno nacionalista con el Partido Comunista liderado por Mao Zedong, se prolongó de forma intermitente desde 1927 hasta 1949, con un paréntesis durante la Segunda Guerra Mundial. Hacia 1949, el conflicto entraba en su fase final, con el Ejército Popular de Liberación avanzando de manera imparable por todo el territorio chino.

En ese contexto de tensión extrema, Gran Bretaña mantenía presencia diplomática y naval en la región, incluyendo una embajada en Nankín que debía ser protegida y, si era necesario, evacuada. Fue precisamente esa misión de relevo la que llevó al HMS Amethyst a adentrarse, sin plena conciencia del riesgo, en una zona que en cuestión de horas se convertiría en un campo de batalla activo.

De gato callejero a polizón de la Marina Real

Todo comenzó en marzo de 1948, en los muelles de Stonecutters Island, en Hong Kong. Allí, un joven marinero británico de apenas diecisiete años llamado George Hickinbottom se topó con un gatito de pelaje blanco y negro, delgado, débil y visiblemente desnutrido. Tendría, como mucho, un año de edad.

Conmovido por su estado, Hickinbottom decidió esconder al pequeño felino bajo su chaqueta y llevarlo a escondidas hasta su camarote abordo del HMS Amethyst, una fragata de la Marina Real británica que en ese momento se encontraba atracada en la ciudad

. Lo que empezó como un gesto de compasión terminó siendo una de las decisiones más significativas de la tripulación.

Cuando los demás marineros descubrieron al polizón, lejos de devolverlo a las calles, decidieron quedárselo.

Y no era para menos: el barco, como cualquier embarcación de la época, tenía un problema constante de ratas en las cubiertas inferiores, y Simón resultó ser un cazador extraordinariamente hábil.

Rápidamente se ganó fama de descarado, dejando ratas muertas como “regalos” sobre los catres de los marineros e incluso tomando la costumbre de dormir en la gorra del capitán. Tanto el comandante Ian Griffiths como su sucesor, el teniente comandante Bernard Skinner, le tomaron un cariño especial.

Simón se convirtió, sin saberlo, en un miembro más de la tripulación.

el gato Simón y El Incidente del Yangtsé

La vida tranquila de Simón como cazador de ratas y mascota del barco cambió radicalmente en 1949, cuando la Guerra Civil China se acercaba a su fin. El HMS Amethyst recibió la orden de navegar por el río Yangtsé, desde Shanghái hacia Nankín, con la misión de relevar al HMS Consort, que custodiaba la embajada británica en la zona.

El 20 de abril de 1949, mientras remontaba el río, el Amethyst se adentró sin darse cuenta en una zona de conflicto activo.

El Ejército Popular de Liberación, brazo armado del Partido Comunista Chino, abrió fuego contra la fragata.

El ataque fue devastador: las balas y la artillería impactaron el puente de mando, la sala de máquinas y las torretas del barco.

Diecinueve tripulantes murieron, entre ellos el propio comandante Skinner, y muchos más resultaron heridos. El timonel también quedó gravemente herido, lo que provocó que el barco encallara en la orilla del río.

En medio de aquel caos, Simón no escapó al desastre: quedó herido por la metralla, con quemaduras en el lomo y el rostro y heridas profundas en las patas. Muchos pensaron que no sobreviviría.

Herido, pero no vencido

Contra todo pronóstico, Simón se recuperó. Los propios marineros observaron con asombro cómo el gato, malherido, se lamía las heridas durante días y, poco a poco, volvía a levantarse para retomar su tarea: cazar ratas.

Y es que la situación a bordo se había vuelto crítica. El Amethyst quedó varado en mitad del río durante casi diez semanas, atrapado entre las negociaciones diplomáticas fallidas entre el gobierno británico y las autoridades comunistas chinas.

El calor húmedo del verano chino se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para una plaga de ratas, que amenazaba con arruinar las ya escasas reservas de alimento de una tripulación aislada, sin apenas suministros ni posibilidad de reabastecerse.

En ese contexto, la labor de Simón dejó de ser una simple curiosidad de a bordo para convertirse en un asunto de supervivencia. Cada rata que cazaba era, literalmente, comida que no se perdía y una fuente menos de enfermedades para los heridos que se recuperaban en condiciones precarias.

Entre sus víctimas más célebres estuvo una rata especialmente grande y escurridiza a la que la tripulación había apodado, con humor negro, “Mao Tse-tung”. Su caza le valió a Simón el simbólico rango honorario de “Able Seacat” (algo así como “Gato Marinero de Primera”), un juego de palabras con el rango naval “Able Seaman”.

Pero el aporte de Simón no fue solo práctico. Durante aquellas semanas de encierro, calor, miedo e incertidumbre, el gato se paseaba a diario junto al oficial de mantenimiento por las distintas cubiertas, visitando a los heridos y ofreciendo, sin saberlo, un consuelo silencioso a hombres jóvenes que habían visto morir a sus compañeros. Para una tripulación traumatizada, la presencia de Simón —tozudo, herido, pero decidido a seguir haciendo su trabajo— se convirtió en un símbolo de resistencia y en un auténtico alivio emocional.

La fuga y el regreso a casa

Tras casi tres meses de bloqueo y fallidas negociaciones diplomáticas, la tripulación del Amethyst decidió intentar la fuga. En la noche del 30 de julio de 1949, el barco apagó todas sus luces y, aprovechando la oscuridad, se ocultó tras un mercante chino que navegaba por la misma ruta, siguiéndolo a través de los traicioneros bajíos del río.

Cuando las baterías costeras abrieron fuego contra ambas embarcaciones, el mercante fue alcanzado, pero el Amethyst logró escabullirse y emprender una arriesgada carrera de más de 160 kilómetros hasta alcanzar aguas seguras en el Mar de China Meridional.

La noticia de la fuga se difundió rápidamente. La tripulación fue recibida como héroes al llegar a Hong Kong, y entre los homenajeados estaba, cómo no, Simón. Su imagen dio la vuelta al mundo: apareció en periódicos, noticieros y revistas de medio planeta, convertido de la noche a la mañana en una auténtica celebridad felina.

Las cartas y regalos comenzaron a llegar por cientos —se dice que llegaban más de doscientas cartas diarias dirigidas a Simón—, tantas que la tripulación tuvo que asignar a un oficial, el teniente Stewart Hett, como “oficial encargado del gato”, cuya tarea era gestionar toda la correspondencia y los obsequios que Simón recibía desde distintos rincones del mundo.

La Medalla Dickin: un honor sin precedentes

El 5 de agosto de 1949, la agencia de noticias Associated Press anunció que Simón recibiría la Medalla Dickin, otorgada por la organización benéfica británica People’s Dispensary for Sick Animals (PDSA). Esta distinción, establecida años antes durante la Segunda Guerra Mundial, es conocida popularmente como la “Cruz Victoria de los animales” y reconoce actos excepcionales de valentía o devoción al deber por parte de animales en contextos militares.

La decisión del comité de la PDSA fue unánime. Hasta el día de hoy, Simón sigue siendo el único gato que ha recibido esta distinción, y también el único animal de la Marina Real británica en obtenerla.

La cita oficial de su medalla reconoce su servicio a bordo del HMS Amethyst durante el Incidente del Yangtsé, destacando que, pese a estar herido por la explosión de un proyectil, se dedicó a eliminar numerosas ratas y que su comportamiento a lo largo de todo el incidente fue “del más alto nivel”.

Además de la Medalla Dickin, Simón recibió la medalla Blue Cross y la cinta de campaña del Amethyst, un reconocimiento adicional por su servicio “singular y desarmado” contra las plagas que amenazaban al barco.

Vale la pena detenerse un momento en el significado de esta distinción. La Medalla Dickin fue creada en 1943 por Maria Dickin, fundadora de la PDSA, con el objetivo de reconocer la contribución de los animales en tiempos de guerra: perros de rescate entre los escombros de los bombardeos, palomas mensajeras que salvaban vidas al transportar información vital, y caballos que servían en el frente.

Hasta la fecha, la mayoría de los animales condecorados han sido perros, caballos y palomas; Simón sigue siendo, décadas después, el primer gato en la lista de galardonados. Ese dato, por sí solo, explica por qué su historia sigue citándose como un caso excepcional dentro del propio programa de reconocimiento animal.

Para especialistas en la historia militar británica, lo llamativo de Simón no era solo su heroísmo, sino su carácter corriente: no se trataba de un animal entrenado ni de una raza especial, sino de un gato callejero común que, puesto en una situación límite, respondió con una entrega que sorprendió a toda una tripulación curtida en el mar.

Un final agridulce

La historia de Simón, sin embargo, no tuvo el final feliz que todos esperaban. Como ocurre con cualquier animal que llega al Reino Unido desde el extranjero, Simón debía cumplir un periodo obligatorio de cuarentena antes de poder desembarcar oficialmente en suelo británico.

el gato simon

Fue trasladado a un centro de cuarentena en Surrey para cumplir con este trámite mientras se preparaba la ceremonia en la que recibiría formalmente su medalla, prevista para diciembre de 1949.

Pero Simón nunca llegó a recibirla en persona. Mientras estaba en cuarentena, contrajo un virus que se agravó por las secuelas de las heridas sufridas durante el ataque, y el 28 de noviembre de 1949 falleció, probablemente con apenas dos años de edad.

La noticia de su muerte generó una ola de tristeza a nivel mundial.

Cientos de personas, incluidos varios miembros de la tripulación del Amethyst, asistieron a su funeral, celebrado con honores militares completos en el cementerio de animales de la PDSA en Ilford, al este de Londres.

Su ataúd, envuelto en algodón y cubierto con la bandera del Reino Unido, fue recibido con una ceremonia en la que el propio teniente Hett —su “oficial de correspondencia”— depositó una corona en su honor, recordando cómo Simón había ayudado a levantar el ánimo de tantos jóvenes marineros durante los momentos más oscuros del incidente.

Su lápida conserva hasta hoy una inscripción que resume su legado: sirvió en el HMS Amethyst entre mayo de 1948 y noviembre de 1949, fue condecorado con la Medalla Dickin en agosto de 1949, y su comportamiento durante el Incidente del Yangtsé fue, según sus propias palabras, “del más alto nivel”.

El legado de un gato de guerra

La historia de Simón trascendió su propia época. En 1950, el escritor Paul Gallico dedicó su célebre novela Jennie “al difunto Simón, del Amethyst”, un homenaje literario que consolidó su lugar en la memoria popular británica. Además, en su honor se plantó un arbusto en el bosquecillo dedicado al Incidente del Yangtsé, dentro del National Memorial Arboretum de Staffordshire, un espacio conmemorativo donde su historia sigue viva para las nuevas generaciones.

Su medalla, por su parte, tuvo un recorrido casi tan curioso como su propia vida: permaneció a bordo del Amethyst hasta que el barco fue desguazado, pasó por manos privadas y coleccionistas, y en 1993 fue subastada por una cifra muy superior a la esperada, siendo adquirida por una productora que planeaba llevar su historia a la televisión.

Hoy, más de siete décadas después, Simón sigue siendo recordado como un símbolo de coraje silencioso: un animal que, sin entender de guerras ni de política, cumplió su función con una entrega que resultó decisiva para la supervivencia de toda una tripulación, y que además supo ofrecer algo que ningún manual militar puede enseñar: compañía y consuelo en medio del sufrimiento.

Su historia nos recuerda que el heroísmo no siempre viste uniforme ni empuña un arma. A veces, basta con un pequeño gato de pelaje blanco y negro, decidido a no rendirse.

Por qué la historia de Simón sigue importando hoy

En Pet Heroe creemos que las historias como la de Simón merecen ser contadas una y otra vez, no solo por su valor histórico, sino porque encierran una verdad que muchos dueños de mascotas conocen bien:

“Los animales tienen una capacidad asombrosa para ofrecer consuelo, compañía y resiliencia justo cuando más se necesita. Simón no fue entrenado para la guerra ni elegido por sus cualidades excepcionales; era, simplemente, un gato de la calle que encontró un hogar a bordo de un barco y que, llegado el momento, dio todo lo que tenía por quienes lo rodeaban.

Historias como esta también nos invitan a reflexionar sobre el vínculo profundo que se construye entre los animales y las personas en los momentos más difíciles.

“La tripulación del Amethyst no vio en Simón solo a un cazador de plagas eficiente; vieron en él a un compañero que, con su sola presencia, ayudaba a sobrellevar el miedo, el encierro y la pérdida. Ese mismo tipo de vínculo es el que millones de personas experimentan hoy en día con sus propias mascotas, aunque nunca tengan que atravesar una guerra para descubrirlo.”

Casi ochenta años después del Incidente del Yangtsé, Simón continúa apareciendo en libros, documentales y exposiciones dedicadas a la historia naval británica. Su lápida en Ilford, el arbusto plantado en su memoria en Staffordshire y su medalla, aún conservada como pieza de colección, son testimonio de que su historia no se ha desvanecido con el tiempo.

Al contrario: sigue inspirando a nuevas generaciones a mirar a los animales que los rodean con otros ojos, conscientes de que, en las circunstancias adecuadas, cualquiera de ellos podría convertirse en un pequeño gran héroe.

Fuentes consultadas:

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