(66) Biomagnetismo veterinario y equilibrio bioenergético: la mirada de quienes lo practican

Introducción al Biomagnetismo veterinario y equilibrio bioenergético

Biomagnetismo veterinario: En los últimos años, cada vez más dueños de mascotas y profesionales alternativos han incorporado el biomagnetismo como parte de sus rutinas de cuidado animal. Se trata de una técnica que utiliza pares de imanes de mediana intensidad, colocados en puntos específicos del cuerpo, con el objetivo declarado de restablecer el pH interno del organismo, modular procesos inflamatorios y apoyar la respuesta del cuerpo frente a distintos patógenos.

Es importante aclarar desde el inicio algo que suele perderse en la conversación: el biomagnetismo no cuenta con respaldo de la ciencia médica ni veterinaria convencional. Las principales revisiones sistemáticas sobre magnetoterapia en general concluyen que no existe evidencia sólida de que los imanes de uso terapéutico modifiquen el pH corporal, reduzcan la inflamación o eliminen patógenos.

Lo que sí existe —y es lo que este artículo se propone explorar— es una comunidad amplia y activa de terapeutas, médicos veterinarios alternativos y propietarios de animales que, basados en su experiencia práctica y en la teoría desarrollada originalmente por el Dr. Isaac Goiz Durán, sostienen que la técnica les ha dado resultados observables en sus pacientes.

Este artículo presenta esa perspectiva: qué dicen quienes practican el biomagnetismo veterinario, cómo explican sus fundamentos, y qué reflexiones surgen al contrastar esa experiencia con el estado actual de la evidencia científica. En ningún caso debe interpretarse como una recomendación de sustituir el diagnóstico o tratamiento veterinario convencional, especialmente ante cuadros agudos, infecciones graves o enfermedades crónicas que requieren manejo profesional.


1. El origen de una idea: del “Par Biomagnético” a la práctica veterinaria

El biomagnetismo, tal como lo conocemos hoy, nace de los trabajos del médico mexicano Isaac Goiz Durán, quien desde los años 80 desarrolló el concepto del “Par Biomagnético”. Según explica el propio Goiz, esta idea surge de observar —desde su experiencia clínica— que ciertas patologías podían asociarse a pares de cargas de polaridad opuesta, generadas a partir de alteraciones del pH en determinados órganos.

Quienes se formaron directamente con él o en escuelas derivadas de su método explican el fundamento de la siguiente manera:

Biomagnetismo veterinario
  • Todo organismo posee un equilibrio bioenergético que puede alterarse por factores como estrés, mala alimentación, infecciones o traumas.
  • Ese desequilibrio se traduciría en zonas de pH más ácido y otras más alcalino de lo normal.
  • Los microorganismos —según esta teoría— tenderían a proliferar en los ambientes de pH alterado que su “par” favorece.
  • La colocación de imanes de polaridad opuesta en esos puntos buscaría, según los practicantes, “reequilibrar” el pH local y, con ello, generar un entorno menos favorable para el patógeno.

La extensión de esta técnica a la medicina veterinaria fue relativamente natural para muchos terapeutas, que argumentan que los principios bioenergéticos aplicarían de forma similar en distintas especies, ajustando únicamente los puntos de aplicación según la anatomía de cada animal.

Vale la pena notar que esta teoría se apoya en un modelo propio, distinto al de la fisiología y microbiología convencionales, y que no ha sido validado mediante estudios controlados publicados en revistas científicas revisadas por pares. Para quienes practican la técnica, sin embargo, la ausencia de estudios formales no invalida lo que describen como resultados consistentes en su experiencia clínica diaria.

Esta tensión entre experiencia práctica y evidencia controlada es, quizás, el punto central que cualquier lector debe tener en cuenta antes de decidir si lo incorpora como complemento en el cuidado de su mascota.


2. ¿Cómo describen los terapeutas el proceso en animales?

A diferencia de la consulta en humanos, donde el paciente puede describir sus síntomas, en veterinaria el terapeuta debe apoyarse en la observación clínica, la palpación y —según describen quienes practican el método— técnicas de “rastreo” corporal para identificar los puntos de aplicación.

Biomagnetismo veterinario

El proceso que describen los practicantes suele incluir los siguientes pasos:

  1. Evaluación inicial: revisión del historial de salud del animal y observación de signos visibles (postura, comportamiento, zonas de sensibilidad).
  2. Localización de puntos: mediante palpación o técnicas de comparación de longitud de miembros (una práctica común en las escuelas derivadas del método Goiz), se identifican los supuestos puntos de “par biomagnético”.
  3. Colocación de imanes: se ubican los imanes de polaridad opuesta en los puntos identificados, dejándolos actuar durante un período que varía entre 10 y 30 minutos, según el protocolo del terapeuta.
  4. Observación posterior: se registra cualquier cambio de comportamiento, apetito o energía del animal en las horas y días siguientes.

Muchos terapeutas insisten en que esta técnica es “no invasiva” y “libre de efectos secundarios”, ya que no involucra fármacos ni procedimientos quirúrgicos. Este argumento —el de la baja invasividad— es uno de los más repetidos por quienes la recomiendan como parte de un enfoque de bienestar animal.

Ojo: La ausencia de efectos secundarios directos no equivale, sin embargo, a ausencia de riesgo. El riesgo real en estos casos no proviene del imán en sí, sino de la posibilidad de que un tutor decida reemplazar una consulta veterinaria necesaria por esta terapia, retrasando el diagnóstico de una enfermedad que sí requiere intervención médica.

Por eso, incluso los terapeutas más serios dentro de esta corriente suelen aclarar que el biomagnetismo debe usarse como acompañamiento, nunca como sustituto del veterinario tratante.


3. Testimonios y percepción de los usuarios: ¿qué reportan quienes lo han probado?

Estudios de corte cualitativo, como los que analizan la experiencia de usuarios de terapia de biomagnetismo en humanos, muestran un patrón interesante: gran parte de la satisfacción reportada se relaciona con la percepción de mejoría subjetiva, la atención personalizada recibida y la sensación de estar “haciendo algo” frente a un problema de salud, más que con mediciones clínicas objetivas.

En el ámbito veterinario, algo similar ocurre en los testimonios que circulan entre tutores de mascotas:

  • Reportan cambios de comportamiento en el animal (más activo, con mejor apetito) tras las sesiones.
  • Asocian la mejoría a la aplicación de los imanes, aunque coincida con otros tratamientos convencionales aplicados en paralelo.
  • Valoran especialmente el trato cercano y el tiempo dedicado por el terapeuta, en contraste con consultas veterinarias más breves.
  • Suelen mencionar casos de mascotas con enfermedades crónicas o de difícil manejo, donde probaron “de todo” antes de llegar al biomagnetismo.

Reflexión: Desde la perspectiva de la metodología científica, este tipo de testimonios —aunque genuinos y valiosos como experiencia humana— son difíciles de interpretar de forma aislada. La mejoría percibida puede deberse a la evolución natural de la enfermedad, al efecto de otros tratamientos administrados simultáneamente, o incluso al llamado efecto placebo, que en medicina veterinaria se traduce muchas veces en una interpretación más optimista del comportamiento animal por parte del tutor.

Esto no significa que la experiencia del usuario no tenga valor; significa que, para saber si el imán específicamente produjo el cambio, haría falta un diseño de estudio que compare resultados con y sin la intervención, algo que hasta ahora no existe de forma robusta para esta técnica.


4. Los argumentos que esgrimen sus defensores frente al escepticismo científico

Quienes practican y enseñan biomagnetismo suelen tener respuestas preparadas frente a las críticas del mundo académico. Entre los argumentos más comunes que se encuentran en cursos, foros y publicaciones de la comunidad están:

  • “La ciencia aún no tiene las herramientas para medir la energía bioenergética que describimos.” Argumentan que la ausencia de estudios no equivale a evidencia de ineficacia, sino a un vacío de investigación por falta de interés o financiamiento del sector médico convencional.
  • “Los resultados hablan por sí mismos.” Apelan a la experiencia acumulada de miles de casos atendidos como una forma de validación práctica, al margen de los ensayos clínicos formales.
  • “Es una terapia complementaria, no sustitutiva.” Muchos terapeutas serios remarcan que no debe reemplazar la medicina convencional, sino coexistir con ella.
  • “El pH y el ion hidrógeno sí son variables biológicas reales.” Utilizan conceptos legítimos de la bioquímica (como el equilibrio ácido-base) para dar sustento aparente a su teoría, aunque la conexión específica entre pares de imanes y corrección del pH tisular no ha sido demostrada en la literatura científica revisada por pares.

Resumen: Es cierto que el pH y el equilibrio ácido-base son conceptos reales y clínicamente relevantes en fisiología. El punto de fricción no está en la existencia de estos fenómenos, sino en el salto que hace la teoría del biomagnetismo al afirmar que un imán colocado externamente puede modificarlos de forma terapéutica en tejidos específicos.

Ese vínculo causal es, hasta el día de hoy, la parte no comprobada del modelo. Como lectores informados, conviene distinguir entre los conceptos biológicos verdaderos que se citan como base y la interpretación específica que se hace de ellos dentro de esta técnica.


5. ¿Qué dice la evidencia disponible sobre la magnetoterapia en general?

Aunque el biomagnetismo de pares (método Goiz) es una corriente específica y distinta de la magnetoterapia convencional (la que usa campos magnéticos pulsados o estáticos con fines médicos documentados, como en la consolidación de fracturas), resulta útil mirar qué dice la ciencia sobre el uso terapéutico de imanes en general, ya que comparten el principio físico de base.

Las revisiones sistemáticas disponibles muestran un panorama mixto:

  • Existen estudios que documentan cierto beneficio de los campos electromagnéticos pulsados en la consolidación de fracturas óseas, un uso reconocido en medicina física y rehabilitación.
  • En cambio, las revisiones centradas en el uso de imanes estáticos (los que se colocan directamente sobre la piel, como en el biomagnetismo) para el alivio del dolor no han encontrado diferencias significativas frente al placebo.
  • Instituciones médicas de referencia coinciden en que la eficacia de la terapia magnética estática no ha sido demostrada científicamente para el tratamiento del dolor u otras condiciones.
  • No se han identificado, hasta la fecha, estudios controlados que evalúen específicamente el “par biomagnético” en su capacidad de modificar el pH tisular o neutralizar patógenos.
magnetoterapia convencional

Nota: Esta distinción es clave para cualquier tutor de mascotas que esté considerando el biomagnetismo: no toda “terapia con imanes” es igual, y agrupar bajo un mismo paraguas técnicas con niveles de evidencia muy distintos puede llevar a conclusiones equivocadas.

Mientras algunas aplicaciones de campos magnéticos pulsados sí cuentan con estudios de calidad, el modelo específico de pares biomagnéticos permanece, desde el punto de vista científico, en el terreno de la hipótesis no comprobada, sostenida principalmente por la experiencia clínica de sus practicantes.


6. Recomendaciones para tutores que consideran esta terapia en sus mascotas

Para quienes, después de conocer ambas caras del tema, decidan explorar el biomagnetismo como parte del cuidado de su animal, la propia comunidad de terapeutas —en sus versiones más responsables— y los profesionales veterinarios coinciden en algunas pautas mínimas de precaución:

  1. Nunca reemplazar el diagnóstico veterinario. Cualquier síntoma agudo, fiebre, dolor intenso o cambio brusco de comportamiento debe ser evaluado primero por un médico veterinario.
  2. Verificar la formación del terapeuta. La falta de regulación oficial de esta práctica hace que la calidad y seriedad varíen mucho entre quienes la ofrecen.
  3. Usarla como complemento, no como única vía de tratamiento, especialmente en enfermedades crónicas, oncológicas o infecciosas graves.
  4. Comunicar al veterinario tratante que se está aplicando esta terapia en paralelo, para evitar interpretaciones erróneas sobre la evolución del cuadro clínico.
  5. Mantener expectativas realistas, entendiendo que los testimonios positivos no equivalen a evidencia científica validada.

El biomagnetismo veterinario ocupa hoy un espacio particular: por un lado, una comunidad de practicantes convencidos de sus beneficios a partir de la experiencia acumulada; por otro, una comunidad científica que, con la evidencia actual, no encuentra sustento para las afirmaciones más fuertes sobre modificación del pH o neutralización de patógenos.

Ninguna de las dos posturas debería imponerse sin más sobre la otra en la mente del lector: lo más sano, tanto para el animal como para la relación entre tutor y veterinario, es mantener una actitud informada, curiosa pero también crítica, priorizando siempre el bienestar y la salud real del paciente por encima de cualquier convicción particular.


Fuentes consultadas

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